miércoles, 30 de octubre de 2013

Comentando un poco conmigo misma

Muchos problemas comienzan por confusiones y malentendidos, especialmente en las relaciones. Una vez, un amigo me dijo, hablando sobre el tema "la infidelidad", que todo dependía de la perspectiva que tuviéramos sobre tal. Yo le dije que para mí era muy sencillo: ser infiel era estar con otra persona mientras se mantenía una relación con una persona diferente. También tener deseos sexuales o sentimientos amorosos sobre una persona que no era la pareja, era una especie de infidelidad, aunque el acto nunca se concrete. Él, por su lado, me dijo que la infidelidad carnal no contaba, que era peor la de los sentimientos, la de engañar a la otra persona haciéndola creer que la amamos, mientras estamos deseando por dentro, estar en los brazos de alguien más...
El tema de las confusiones, creo, está atravesando una vez más mi vida. 
Yo hoy estoy esperando. Esperando a que el viento sople más fuerte, que la situación cambie. Hoy me toca esperar, pero decidí ser un poco menos usual. Lo usual en mí, es darme por completo. Darme con sonrisas y caricias, con besos y abrazos. Pero yo ahora recurro a la estrategia benedettiana que es la de "construir con palabras un puente indestructible...". Con las palabras no logramos transmitir todo, ya se sabe. Pero es cierto que aquellos que utilizamos la escritura para expresar nuestras ideas, con más frecuencia que otras personas, conseguimos acercarnos un poquito más a lo que el lenguaje de nuestros anhelos y deseos quiere expresar. O al menos es mi utopía.
Para mí la palabra "saliente" o "la persona que estás conociendo y comparte algunos momentos con vos", implica sólo algunas cosas, no es entregarse. Es el terreno a conocer, a explorar. Es aquello desconocido; es el momento en que salimos de la caverna para ir en busca de eso que nos atrae, de esa luz incandescente que transforma todas nuestras perspectivas.
Ser la pareja de alguien, ser novio o novia de alguien, conlleva otras cosas más. Uno continúa conociendo a esa persona (en realidad nunca dejamos de conocernos), pero comparte otras cosas más profundas. Cierta vez fui una mina muy cariñosa, di todo de mí, sin medida, sin precauciones, así, locamente. Y así, irremediablemente salí muy lastimada. Creo que pasar por este tipo de experiencia indefectiblemente, cambiamos. Pero sólo lo externo, o lo que se puede percibir. Por dentro, uno atesora esa persona que solía ser. Yo guardo como un vino para una ocasión especial, todo el amor y sus expresiones para cuando valga el momento. Lo malo de los años, tal vez, de esas derrotas del corazón, es que ya no creemos en espejitos de colores, y todo, como buenos compradores miramos aquel objeto que deseamos adquirir, una y otra vez desde cada arista. Hasta estar seguros. Uno siempre cuenta con la opción del riesgo, ya veces se la re manda. Se manda como si fue un niño inconsciente del peligro que lo rodea. Pero a mí, ya me tocó representar ese papel. Y hoy, simplemente no tengo ganas. No tengo ganas de perder otra vez mi alma en cada cosa que toco. Quiero estar segura, un poco nomás (nunca me gustaron los extremos, pero a veces ayudan) Yo quiero tener un horizonte al cual mirar, sin temer el camino que tomo para llegar a él, sin embargo miro de a ratos, ese terreno que voy tanteando. Uno si quiere sobrevivir a este siglo del whatsappeo, del facebookeo, del retwitteo...etc, donde la vida se convierte en un cúmulo de publicaciones confusas que poco dicen de lo que en realidad está pasando (lo que nos está, pasando), debe restarle importancia a esas cositas y debe procurar no sumergirse en esas publicaciones falsificadoras de sentimientos. No sé cómo llegué hasta este punto. Lo que quiero decir, en definitiva, es que si quiero llegar viva y completa a mi destino, si quiero llegar lejos, tengo que ir con pasos acertados. De cada viaje, algo se aprende. 



miércoles, 2 de octubre de 2013

Unas palabras nada más

Uno quisiera mirar con fuerza la superficie plana del horizonte, y apreciar los colores,las formas, pero no hace más que ver una línea recta recta que lleva la mente a pensar en reversa. O en un futuro fantasma, uno de los posibles e imaginados que murieron antes de ser concretados. Todos tenemos historia. Hoy me di cuenta que desde hace casi un año vengo intentando enterrarlo en el fondo fondo fondo y oscuro pozo que tenemos para olvidar las cosas más terribles que no pasaron, y que jamás en nuestra dulce inocencia de gente con esperanza, nos pudimos imaginar. Estoy escribiendo con rabia. Yo sé que por algo todo pasa, ya lo sé, que nadie me venga a decir que hay que mirar hacia adelante y que todo lo que quedó atrás, ya no lo podemos volver a tener. Obvio. Lo muerto ya ha perecido. El amor no es inmortal, tal vez. Alguien tiene que morir, siempre. Pero nadie habla aquí de cuerpos descompuestos, de materia muerta, de no vida. Se puede morir abstractamente, enterrando poco a poco lo que fuimos, lo que fuimos construyendo día a día, para ser lo que somos hoy. En mi caso, me trato de olvidar el proceso por el que viví para amar las cosas como las amo. Digo las cosas, pero me refiero a las personas, hablo del corazón...qué más da...Digamos corazón, carajo. Una intenta hacerse la fuerte y va armándose de una coraza impenetrable, para que ningún gil vuelva a vernos desnudas en alma, otra vez. Es verdad. El corazón se entrega una única vez. Pero, yo también tengo historia, y no sé si tengo nostalgia o es simplemente que la realidad me choca y me cachetea para decirme, todos tienen historia...respetá el proceso que cada uno tuvo. Y yo, yo...acá, intentando desatarme de ese sentimiento que me hizo florecer lo mejor de mí. No te voy a negar nunca más. A nosotros, a nuestro mundo, tan nuestro, tan cálido y brillante. Con flores autóctonas que tenían olor a libros viejos, a bibliotecas infinitas. Jamás voy a negar a nuestras hijas, las palabras, que crecieron y se convirtieron en pseudo-poesías. Nos escribimos, nos imaginamos. Y con eso bastó.


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