domingo, 2 de febrero de 2014

Destrucción

Cuando algo desaparece de nuestra cotidianeidad, reaparecen por sí solas las nubes del vacío, el hastío de la invariable presencia de la nada. Y en esa vuelta a la realidad debemos sujetarnos a nosotros mismos para no creer y tener que echarle la culpa a lo que de vez en cuando está allí y desaparece como las cosas que perdemos sin querer. Porque somos inconscientes del valor de las cosas que tenemos hasta que se nos escapan, hasta que llega un día y nos preguntamos a dónde se han ido esos momentos que antes nos llenaban con algo...tal vez, alegría...quién sabe. La parte más difícil se hace cuando queremos continuar como si nada hubiese ocurrido, o el "volver a empezar" desde donde ya sabemos, desde ese lugar en el cual ya estuvimos una vez:  "la largada"; es retomar el juego una vez más, y tener esa sensación de impaciencia y cansancio, sabiendo que muy probablemente tengamos que vernos en ese lugar una vez más... como en el juego de la Occa, cuando llegábamos al casillero con "prenda" que nos enviaba al inicio otra vez. ¿Quién no se sintió desanimado cuando creía que ya tenía un camino lo suficientemente armado como para seguir avanzando mucho más, y de golpe una fuerza externa nos succiona hacia un lugar que no queríamos volver?
Hasta el mismo Borges dijo tristemente..."Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra". Todos sabemos que olvidar lo que nos hizo felices es difícil sólo si no se quiere olvidar. Si nos preguntamos cómo hemos ido pasando de página,de una historia a otra, es sencillamente porque un día tuvimos necesidad de conocer una nueva historia, algo que nos renueve los días. Pero cuando ésto no sucede es porque creemos que todavía hay algo allí que tiene valor y merece ser preservado. Por eso no podemos olvidar. Porque no queremos olvidar.
A veces cuando miro a mi alrededor y sólo estás en un par de objetos, me invade una pequeña angustia de saber qué historia corre detrás de esas palabras. Sólo aquello que formó parte de un día feliz. Yo no quería terminar con eso. ¿Qué mal tenemos en la 'cabeza para tener la facultad de terminar con algo tan lindo como lo que nos hace felices? Es una pena que la destrucción de las cosas sea parte de la naturaleza humana. Es una pena que hayamos sido capaces de destruir lo que un día nos hizo tanto bien...


Tal vez Barthes lo explique teóricamente...

"Todo episodio amoroso puede estar, por cierto, dotado de un sentido: nace, se desarrolla y muere, sigue un camino que es siempre posible interpretar, según una causalidad o una finalidad, o moralizar incluso si es preciso. (…) ahí está la historia de amor, esclava del gran Otro narrativo, de la opinión general, que desprecia toda fuerza excesiva y quiere que el sujeto reduzca por sí mismo el gran resplandor imaginario que lo atraviesa sin orden y sin fin a una crisis dolorosa, mórbida, de la que es necesario curarse ("Nace, crece, hace sufrir, pasa", exactamente como una enfermedad hipocrática); la historia de amor (la "aventura") es el tributo que el enamorado debe pagar al mundo para reconciliarse con él”

Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso.



A mí igual no me convence del todo.

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