miércoles, 6 de junio de 2012

Junio ~

La mañana tenía un tono azulado en el aire. Era el juego de luces que hacía el viento, la luz solar, las nubes y el frío. Abrí la ventana, para ver cómo estaba aquel cielo,el mismo de siempre (alto de a ratos, cercano cuando nos toca en los sueños) y sentí mis manos heladas, tocando un recuerdo. 
No sé si lo vi pasar, o fue un espejismo. Todo a los ojos sólo es apariencia. Me apresuré a cerrar la ventana de vidrio. El frío de junio me recordó tantos inviernos grises que me pasé pensando en otra cara, vencida por la desesperación, el desahucio, el desconcierto. Tantos años luz desde aquel momento descolorido por la ansiedad y el dolor. 
"Estamos grandes", me dijo un amigo. Yo lo miré, y le di la razón. Pasa a nuestro lado como si fuésemos inmortales: el tiempo. Maldita vertiginosidad, la vida. Eso mismo pensé. Cosas que nunca imaginé, como tocar el abismo de la soledad conmigo misma...esa soledad que desarma, necesidad de cambio. Una búsqueda imperiosa de libertad, de un amor que no cesa, que crece y se fortalece, que no se marchita con la vida. La necesidad de tener esa cara frente a mí, frente a mis ojos marrones, aunque sea sólo una apariencia.  
El frío siempre logró entristecerme, y eso siempre me gustó. Una especie de tristeza y nostalgia se generaba con el viento sur, y su voz llegaba en ecos rotos a mi memoria, se abría la caja cerrada que se conoce como corazón (o mortaja), se descubrían las heridas que, ahora, quieren cicatrizar. 
Las opciones de la vida que se nos escapan como arena en los dedos están dispersas por la vereda de los hechos. Aquel amor envejecido, esa amistad quebrada, el tiempo ganado y perdido. Pero la pseuda tibieza del alma, que generalmente perdura: hoy más que siempre, se mantiene intacta, aunque el frío congele nuestros costados. 
Cada vez más, las cosas de la vida me demuestran que estoy equivocada. Hasta conmigo misma. Las personas no siempre son las mismas. Yo no sé si soy una persona nueva o definitivamente, soy la de siempre. Ya no valoro las mismas cosas de antes, tengo nuevas prioridades, nuevos deseos. El frío me despierta como de una especie de sueño. Nos vamos haciendo adultos. Pensamos en el camino hecho, nos miramos y sonreímos. Fuimos tan tontos...¿continuamos siéndolo? 
La vida nos presenta diferentes rutas al mismo tiempo, cada día. Hoy miro adelante, y estás mirando conmigo. Se siente bien, sweetest thing...

3 comentarios:

nube de papel dijo...

.dolió.

Del M dijo...

Es increíble las cosas que hace el frío. El muy descarado, trae recuerdos, mata calenturas (porque lo hace con sus temperaturas bajo cero), e invita sin nuestra autorización a dejar entrar a la nostalgia, así tengamos puertas y ventanas herméticamente cerradas, así no sintamos el frío de afuera y estemos plácidamente acomodados al lado del calefactor. Siempre se las ingenia para traernos ese recuerdo que no queremos recordar, porque duele, porque molesta, o porque simplemente creemos que ya lo superamos y en invierno es cuando descubrimos que no, o que ojalá no lo hubiéramos superado.

Como siempre, excelente lo que leo de vos. Sigo sin tener casi tiempo para leer, pero me dio vergüenza ver tantos comentarios tuyos y yo totalmente desaparecida por acá, así que aquí estoy, haciendo acto de presencia en esta genialidad de blog. Por cierto, feliz día del libro, y feliz día atrasado del escritor. Porque aunque no seamos Borges, García Márquez, Stephanie Meyer (esto es un chiste) o Córtazar (podés creer que en la secundaria una profe me comparó con él y yo casi me hago pis encima? para mí, se estaba drogando), nosotras contamos historias, por más pequeñas que parezcan ante tamaños monstruos de la literatura. Así que muy feliz día!

Un beso grande, me fui por las ramas.

Del

Bris! dijo...

Me pone muy feliz tu comentario, abuela desalmada...siempre es un gusto leerte! y felicidades para vos también! :) besotes!

...

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