martes, 13 de marzo de 2012

Naked as we came.




Recomiendo leer el texto, escuchando este hermoso tema de Iron and Wine, si no lo pueden escuchar desde acá, les aconsejo que lo busquen en Youtube. Para los que les gusta la música tipo Indie, les va a encantar.  Si les molesta la música de fondo del blog, busquen en el panel lateral derecho, donde está la ventanita con el reproductor de música, y simplemente presionen la tecla de stop o pausa, y problema solucionado! Espero que les guste...:)




Una de las cosas que más disfrutaba cuando estábamos juntos, era que sin decirnos palabras audibles, conversábamos con la piel. ¡Y vaya que nos entendíamos perfectamente! Yo me dejaba mirar, tocar, y observaba cómo sus pupilas agrandadas estaban fijas sobre mi cuerpo. Él se dejaba mirar, tocar y yo no me cansaba de observar cada curvatura de su espalda, ni las comisuras de su boca. Tenía una doble y simpática arruguita alrededor de su sonrisa...(siempre pensé que eso lo hacía adorable) Cuando queríamos decirnos algo, para evitar quebrar aquel momento de cristal, nos mirábamos fijo mutuamente. No sé si él habrá comprendido alguna de las palabras que no salían de mis labios, pero que yo estaba pensando con fuerza, aquello que quería que él "escuchara". Le hablaba a través de mis ojos. Él también hacía lo mismo, y lo que yo llegué a entender, no era traducible al lenguaje natural, era otra especie de gramática. Cuando no se trataba de estar acostados sobre el sillón o en la cama, o en uno de esos sitios donde se supone que uno se acomoda para descansar, (pero que sin embargo, termina resultando un sitio multifuncional, especialmente en el momento de arrojar objetos de diferente índole), también compartíamos una especie de código. Mientras uno hablaba de algo, el otro escuchaba y hacía preguntas oportunas que hacían de la charla, algo totalmente hermoso. Se disfrutaba la escena, los espacios para tomar aire o pausas, los silencios acompañados de gestos cómplices, los roces de manos que surgían por sorpresa, o no. Todo aquello era invaluable. Como sus besos o nuestros besos. ¿Cómo podría olvidar lo que sentí cuando me tomó por primera vez desde la espalda, y despegó sus labios tiernos, para plantarme un beso en la nuca?  No se puede olvidar absolutamente nada de lo que pasamos juntos, como un disco rayado que hemos escuchado miles de veces...así somos los dos. Completamente averiados para el mundo pero perfectos para el otro. No necesitaba nada más que una copa de vino y de su inigualable compañía en una noche de lluvia que presagiaba el otoño venidero, una noche como la de hoy... para tener la certeza que es lo que siempre anduve buscando...

1 comentario:

Diego dijo...

Hermoso relato, con una forma y un sabor exquisito. Y qué decir de de la compañía de Sam a través I&W... una mezcla dulce de placer y añoranza...
Saludos!

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