jueves, 19 de enero de 2012

Recuerda

Hay un momento de la noche que se encarga de traer a mi mente alguna ausencia disfrazada. El tiempo no alcanza a detenerse, pero el rostro que se acerca, disimula la distancia y un atisbo de tristeza va rozando el corazón, y tiñe la hora con el color del mar.
El recuerdo que tengo en mí hace que el calor siga intacto cuando tengo frío con la poesía, las palabras que llego a leer en mi cuaderno, escritas por un fantasma, dicen un código que inconscientemente puedo descifrar. A veces quisiera pensar que todo había sido una maldita casualidad, un error de los agentes del destino..., pero sé que todo fue así porque ahora no sería el intento de mitad que sabés que te completa.
Quizás hubo un momento en la historia en que fuimos tan rápido que no supimos frenar, y caímos al abismo temerarios de todo, dejando de lado la inocencia y la cobardía. Por un momento de los tantos que supimos tener, perdí la cordura. Pero la sinceridad que nos dimos nos hizo más estúpidos, y jugamos con fuego sin llegarnos a quemar. Siempre estuvo presente la certeza del error en que nos habíamos metido, pero fuimos ingenuos creyendo que algo iba a hacernos cambiar de idea.
Hoy, a tanto tiempo sin saber nada de vos, recuerdo que en otro momento de mi vida quería verte a toda costa. Pero esta noche, en que te traigo para que me acompañes, mientras escribo algunas palabritas más ( que lo único que logran es subrayar todo lo que ya se había dicho) te envío a través del viento que se aproxima con la tormenta, un papelito que dice que fuiste todo lo que ninguna otra persona hasta el momento logró hacer conmigo: perderme y alejarme de lo que siempre fui, moviste mi mundo, mi base, me hiciste conocer otra parte de mí. Y no fue precisamente mi parte buena, pero ahondaste por todo mi ser con cada una de tus palabras, que se plasmaron en mi alma. Todo quedó en nuestros cuerpos y te llevo con mi sombra a todos lados. Mi otra parte te tomó para siempre.





Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,

no solamente en que lechos estuviste,
sino también aquellos deseos de ti
que en los ojos brillaban claramente
y temblaban en la voz -y que hizo
vanos algún obstáculo del destino.
Ahora que todos ellos son cosa del pasado,
casi parece como si hubieras satisfecho
esos deseos: Cómo ardían, recuerda,
en los ojos que te contemplaban, cómo
temblaron por ti, en la voz. Recuerda, cuerpo...

 Konstantino Kavafis (1917)

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