sábado, 1 de octubre de 2011

Te fuiste.




 No está bueno eso de ser la única que siente el frío que quema dentro del alma. Si uno se va, el otro tiene derecho a quedarse mirando la lagunita y la llanura, mientras sopla el fuerte viento del norte y nada más. No me quejo. Sólo digo que no está bueno hacerse mala sangre por absurdos como el pasado de la vida. Pero si te fuiste, y dejaste la casa desordenada y la luz encendida, ¿qué vamos a hacer tus hijas y yo para apagar esa luz? Ya no se puede. Nos dejaste a la deriva, como siempre hiciste conmigo y con vos. Le voy sintiendo nostalgia a la despedida y al último abrazo que me diste, como si te hubieras muerto. Sólo digo que me dan ganas de llorar, y ¿cómo pretendés que entienda todo lo que no hiciste? fue tan sólo un año atrás. Me dejaste anochecida. Vivo en el sueño del que quisiste despertar, ¿me llevaste contigo? Mi garganta hace el esfuerzo de aguantar, y deja que el mate caiga sobre mi estómago para impedirme que me atragante y muera de lágrimas que no salen.

Te fuiste, esta vez, de verdad. Ya no hay tiempo que valga la pena, lo que no se hizo, ya está. Ya no te voy a cruzar por las calles de la ciudad. Me dejaste con razón, pero...te voy a extrañar, aunque no valgas la pena...

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