lunes, 26 de septiembre de 2011

Shampoo~

A ver, vamos a hacer de cuenta que vamos pregonando por las calles de la ciudad que lo nuestro está muerto, enterrado en el recóndito hueco de un jardín amurallado dentro de un laberinto sin salida en el sueño de un duende despiadado. Hagamos las pases. Miremos el cielo semptembriente y digamos a los bichitos: "Salve la Tierra, el Agua y el Fuego, que hace que todo arda, hasta la nada". Decime una cosa, un susurro, una ola de mar, aunque poca e intrépida e inservible contenga y hable por vos, por los silencios dados con generosidad de Este a Oeste. Vayamos a recorrer los barrios de la ciudad. Te paso a buscar por la plaza del soldado:  subámosnos al bondi, vayamos en los asientos siameses, perdamos las horas detrás, que se nos caigan como las moneditas. Nada está totalmente perdido que no se pueda reciclar. Una mosca zumba en la parte del cerebro que tiene la caja de la memoria. Es la poesía, que no cesa nunca, palpita y hierve como el aceite en la olla para hacer las papas fritas. Tengo antojo de locura, vení, buscame vos, es tu turno. De vez en cuando me pregunto por tu paradero, pero ya sé, en verdad, siempre a dónde vas. Estás escondido entre los arbustos, te vas a correr por el parque sur, con uno de tus tres perros. Sos peludo, te parecés a la noche, ésa,  que nos persiguió hace trescientos sesenta y ocho días atrás. Y sí, ¿qué otra cosa podía pasar con un abrazo desprotegido por el destino caprichoso que nos tocó a los dos? Pero yo tengo mi almohada llena de estrellas con las sonrisas que me diste. Brillaste como la luna gorda de septiembre, pero llovía, y relucía su blancura, esa que no tenés. Y no tendrás, sos lúgubre como la sombra de la puerta a la siesta de un día de junio. O Abril. Abril que abre cientos de palabras quién sabe con qué destinatarios temerarios de sus propios dolores. Tengo una corazonada, si yo te pensé treinta veces en la tarde, vos me doblás la jugada. Como siempre.
Hoy hacía calor en la ciudad, las fauces de los animales mostraban su mejor color: el rosa carne. Esa que no conocés. No de mi parte. Hoy hacía calor en la ciudad, estaba para tomar un helado con vos, y lamerte la boca, como los perros. ¿Cómo no haber nacido con esa forma? Me hubieras llevado a correr por el parque Sur, así te tendría cerca. Quizá en el sueño cumpla mi deseo. Mejor que no sea cierto, acabaría la certeza de saber que lo nuestro es de mentira. No te quiero conmigo, sólo me inspiraste unas vagas letras, todavía escribo para el que lee. Menos mal que de algo sirve decir palabras, para bien o para mal.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

me envolvió

Bris! dijo...

che, me da miedo eso de "Anónimo", pero gracias por comentar! jaja

Ivianella dijo...

Siempre sirve para bien o para mal. Y siempre hay alguien que lee aunque no comente.
Gracias por cambiar el fondo para que pueda leer :) Me hubiera perdido de un hermoso texto, como lo son siempre. Abrazo ! (:

Florecita dijo...

Bris!! genial como siempree!! te dejo la direccion de mi blog! recien empiezooo, para que lo tengas en cuenta!! http://destinoqueestessonriendo.blogspot.com/

...

MyFreeCopyright.com Registered & Protected

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.